Recuerdo que un profesor de la asignatura Modificación de Conducta de la Universidad Autónoma, en una clase, nos dió una gran clave para tratar con las personas. Era el turno de tarde, invierno, el aula abarrotada...estabamos divididos en grupos para practicar diversos tipos de terapia cuando le tocó al grupo que supuestamente tenía que manejar un caso de tabaquismo (supuestamente, porque haciamos rol playing, no tratabamos a ningún adicto de verdad aunque teníamos muchos fumadores empedernidos allí). Bien, el grupo le enseñaba a la "paciente" varias fotos -bastante desagradables- de pulmones en diversos estados de tumoración, ennegrecimiento, etc; con la intención de provocar en la chica el rechazo a la conducta de fumar... en este punto el profesor subió a la tarima y ante la sorpresa del aula, paró la dinámica, se volvió lentamente y nos dijo: "NUNCA se puede intentar cambiar la conducta de las personas si no les enseñamos antes una conducta alternativa. No se puede desimplantar una conducta y dejar un vacío en su lugar". Impactante pero cierto, y en apariencia, muy simple. Sin embargo esta simplicidad ni la vemos ni la aplicamos en la vida diaria.
Pretendemos que las personas de nuestro entorno (pareja, amigos, compañeros de trabajo...) se comporten como nosotros deseamos, y de manera todavía mas acusada cuando hablamos de nuestros JEFES. Queremos que nos hablen de otra manera, que nos den las cosas que necesitamos, que se den cuenta de cómo estamos, que nos defiendan, que nos valoren, que nos den lo que les pedimos, que vean qué merecemos, que sean un referente, un modelo de conducta ejemplar... que sean un gran jefe, "el jefe", ya que para eso tienen el nombramiento, ¿no? ¿Cuantos jefes ha conocido que sean así? Yo nunca he tenido el gusto. Y es normal que probablemente ninguno de nosotros lo haya tenido o lo tenga en el futuro. Por dos motivos:
1) Los jefes o managers son personas, lo que les hace subjetivos y falibles:
todos lo somos. No cabe duda de que al aceptar el rol de manager también deberían haber adquirido un compromiso consigo mismo y con los demás de eficacia y progreso, de aumento de la calidad de la gestión humana, no sólo de aumento de la cuantía de los resultados. En mi opinión, la gestión por competencias y el análisis y descripción de puestos de trabajo ayudará a reducir la mala adjudicación de puestos de responsabilidad a personas que no reúnen las destrezas necesarias para su desempeño. En el mismo sentido, la formación en habilidades directivas (entre otras) puede marcar la diferencia entre un profesional que no era el mas indicado para un puesto pero que "se trabajó" para serlo, y uno que fue siempre el mismo incompetente y no hizo nada por cambiarlo. Tenemos tendencia a pensar que el jefe "nace", lo cual a lo mejor es cierto en algún caso, en el resto, EL JEFE SE HACE. No importa no tener todas las competencias necesarias, se puede trabajar para conseguirlas. Como dice ese refrán tan castizo: "hace mas el que puede, que el quiere". El problema es: ¿se da cuenta el jefe de que necesita un cambio? y suponiendo que se de cuenta: ¿SABE CÓMO REALIZAR ESE CAMBIO?
2) La intención de dañar es infrecuente. Generalmente los problemas se deben a fallos en la comunicación y en la carencia de habilidades de gestión.
Aunque muchos compañeros y amigos alguna vez me han comentado con amargura: "mi jefe es un... una..." en la mayoría de los casos, hablando con ellos, he comprobado que en realidad "el jefe" o "la jefa" no pretendían en apariecia causar daño, sino que había problemas de comunicación en esa relación (si, igual que en las parejas). Los problemas de comunicación son especialmente graves porque CADA PERSONA tiene una percepción de la realidad y ve las cosas desde SU perspectiva, las cosas son para cada uno de nosotros de una manera determinada, si por un problema de comunicación NO somos capaces de contarle al otro nuestro punto de vista, entonces no puede haber explicación ni diálogo, y estos se sustituyen por una intencionalidad que puede no ser cierta hacia la otra persona: "me quiere hacer daño". Es fundamental poner en común estas percepciones de las cosas que pasan (aunque esto se explicará en otro post) y lo mas frecuente en este diálogo es que haya mucha sorpresa porque uno no es capaz de saber qué es lo que ve el otro hasta que se habla (y se da cuenta de muchas cosas). Otros problemas son las EXPECTATIVAS que tenemos de nuestros jefes (lo que esperamos de ellos), y la falta de conocimiento de nosotros mismos como trabajadores (si yo no se cómo valorarme en mi trabajo, dependeré completamente de la valoración de mi superior... ¿y si mi superior no me valora adecuadamente? ¿asumiré como verdad su opinión? Intensa pregunta, ¿verdad?).
En conclusión: debajo de supuestos intentos de hacer daño y abusar de su poder, muchas veces encontramos a managers que no tienen mucha habilidad para tratar a los demás, sobrecargados de trabajo, de los que se espera cosas que no deben depender tanto de ellos. Personas que no pueden/saben/quieren hacer las cosas de otra manera. (También los hay que no quieren cambiar, pero afortunadamente su numero es mucho mas pequeño que los otros).
Para reforzar la idea de que uno se comporta como tiene por costumbre en vez de como se espera de él, pensemos en el ejemplo de la conducción: ¿sería usted capaz de conducir DE OTRA MANERA? Haga la prueba, la próxima vez que coja el coche pruebe a sentarse, agarrar el volante, manejar la palanca de cambios, etc. de otra forma, verá que durante los primeros 5 minutos lo intentará pero que pasado este tiempo, volverá a hacerlo como siempre. En la conducta de las personas pasa exactamente igual, incluso en aquellas tan complejas como pueda ser la interacción con los demás, el razonamiento, el estilo directivo, la solución de problemas... una vez que uno aprende a hacer las cosas de una manera, siempre se rige por ese estilo de por vida... si es que no realiza cambio alguno. Precisamente el tema de este post es ese: cambiar ES POSIBLE, si se sabe cómo. Todo es una cuestión de voluntad, esfuerzo y aprendizaje guiado. Los resultados, magníficos.
En el próximo post, veremos los elementos de este cambio.
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interesante, aunque siguiendo con la analogia de los coches.... yo cuando cambio de coche, me adapto a los nuevos mandos lo mejor que puedo, no me empeño en dar la intermitencia como lo hacia en mi antiguo coche.... yo cuando voy a otro pais intento adaptarme a los habitos de conduccion de alli, no pretendo que el resto de de la circulacion se adapte a mi... no pretendo que un utilitario funcione como un todo terreno o un deportivo (o ambos a la vez)....
ResponderEliminarMuy buenas, joven
ResponderEliminarEn efecto, he visto a lo largo de mi vida laboral un poco de todo. gente que malinterpreta a otros compañeros o jefes. Que no se esfuerzan en intentar comprender las motivaciones que pudieran tener sus comportamientos. Simplemente se quedan con la explicación más fácil.
Yo tiendo a ser hipercrítico conmigo mismo. Y quizá bastante indulgente con los demás. Y posiblemente estén relacionadas ambas cosas. Me gusta de vez en cuando hacer un ejercicio e intentar verme a mí mismo desde fuera. Y me planteo si no habrá nadie que me malinterprete, que me odie, o que no me entienda, del mismo modo que yo iba a juzgar a alguien. Da perspectiva.
Voluntad. Es la clave. Voluntad de entender. Voluntad de mirar algo que no sea tu ombligo. Voluntad de dialogar.
Eso pienso
Bisonte Gordo ha hablado
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarCreo que tendemos siempre a buscar una excusa y echar balones fuera cuando se trata de enfrentarnos a problemas,tomar decisiones o a asumir responsabilidades en general. Parece como si siempre el problema fuese provocado por causas externas ,alguien que nos quiere joder la vida. Tendriamos que ser mas autocriticos, ver diferentes alternativas, y asumir que no siempre estamos en la mejor opcion y que incluso nosotros nos equivocamos. Asumir que uno se equivoca... puffff mucha tela
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